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A vueltas con el velo islámico

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burka

De nuevo una polémica con marcado carácter electoralista afecta a un colectivo de inmigrantes. Esta vez le ha tocado a la comunidad islámica. Los términos que se arrojan al debate público son burka, niqab, prohibición, dignidad de la mujer, seguridad, espacios municipales, espacios públicos.

Resurge ahora en Cataluña, territorio con un importante número de inmigrantes y también con citas electorales a la vuelta de la esquina, el debate del velo integral. Ya en 2007 Plataforma per Catalunya planteó la misma polémica y fue ampliamente criticada por los diferentes grupos políticos. Cuatro años más tarde las posiciones han cambiado. La mayoría de los partidos políticos ven ahora necesario regular el uso de este tipo de vestimenta.

Algunos candidatos pretenden sacar réditos políticos de un discurso que proponga restricciones, incluso simbólicas, al fenómeno de la inmigración. Otros ejemplos recientes de este tipo de polémicas artificiales son los intentos de varios ayuntamientos de obstaculizar el empadronamiento de inmigrantes en situación irregular o el caso de Nawja, la niña que tuvo que cambiar de centro educativo para poder usar “hiyab” sin que se lo prohibiese el reglamento de un colegio y no una legislación coherente en materia de libertad religiosa.

A media que la cita con las urnas se acerca y las cifras de la crisis económica y del desempleo se mezclan con las de las previsiones de voto, la tendencia populista, en el mal sentido, se hace patente. Surgen en apresurada cascada declaraciones de políticos favorables a regular el uso de estas prendas. Como actual punto álgido, el Ministro de Justicia del gobierno español nos revela que por supuesto él ya había pensado en medidas similares y que el uso del denominado “velo integral” será regulado en la inminente nueva ley sobre libertad religiosa.

Ahora los más “lanzados” proponen la prohibición del burka y el niqab en la vía pública. En cualquier caso tampoco entendemos que se quiera limitar su uso en dependencias municipales. Se alegan motivos de seguridad poco convincentes. Desde otro lado se dice defender la dignidad de una mujer a la que ni siquiera se le ha preguntado. ¿No sería preferible fomentar primero espacios en que las mujeres musulmanas puedan encontrarse con otras mujeres musulmanas y no musulmanas para contrastar opiniones en libertad? ¿No sería ése un mejor uso de los espacios municipales, con velo o sin él?

Es innegable que prendas de este estilo dificultan la relación y la comunicación entre los ajenos al entorno, pero debe quedar claro que las personas que impulsan este tipo de proposiciones restrictivas son las que verdaderamente sólo tratan de construir barreras entre los colectivos.

Estas personas únicamente pretenden sacar rentabilidad de situaciones personales de desasosiego, ansiedad e inseguridad. Situaciones generadas por un gran número de factores, como el inquietante panorama económico, el fenómeno del desempleo de larga duración, los graves problemas de financiación de los ayuntamientos y el correspondiente recorte de unos servicios sociales en algunos casos ya muy menguados, las dificultades propias de las relaciones con colectivos de inmigrantes con los que no se comparte idioma, cultura, religión o tradiciones. No parece adecuado añadir más dificultades para quitar espacio a las ya existentes.